domingo, 17 de julio de 2016

ERES PERFECTA Y AUN ASÍ NO TE DAS CUENTA

Hará cosa de año y medio leí un artículo en Vanity Fair que hablaba de Angelina Jolie y Jennifer Aniston, eternas rivales desde que la primera terminó casándose con el novio de la segunda, y me topé con el siguiente párrafo:

“Jennifer Aniston pasó de ser la novia de América con pelo perfecto a la chica que permanece en una pertinaz soltería y se percibe, por tanto, como una amenaza. Más que por sus películas es objeto de comentarios por sus sucesivas rupturas sentimentales y por las dudas acerca de cuándo se decidirá a tener un hijo. Se obvian cosas tan elementales como que una mujer puede tener varias parejas sentimentales o no tener ninguna y vivir una vida plena y feliz, y que tener hijos no es una obligación que va con la condición femenina, sino una elección, cosas que son el primer capítulo de cualquier temario sobre relaciones de género pero que todavía hay que recordar, y más en una sociedad como la americana que ha hecho un negocio mastodóntico de las bodas, y del acto de prometerse en matrimonio un hito vital.”


No hacía mucho había leído el libro ‘El amor se me hace bola’ (sí, literatura de culto no es) y la idea que en él se recoge es prácticamente la misma y puede resumirse con la frase “y a mí lo que me preocupa de todo esto es el mensaje social que reivindica un único modelo familiar, y que ensalza una elección de vida sobre todas las demás.”

El asunto me pareció muy interesante y me dio qué pensar, así que hice algunas anotaciones en mi cuaderno, guardé el artículo de Vanity Fair en favoritos y me dije que éste era un tema estupendo sobre el que escribir en mi blog. No hace falta que os diga que aquella idea nunca se materializó, como tantas otras.

Esta semana Jennifer Aniston ha decidido dar un golpe en la mesa para decir basta ya. Imagino que algo habréis escuchado en relación a la carta que ésta ha escrito en contra de todos esos tabloides que a menudo escriben noticias falsas sobre su vida privada, entre ellas bodas, divorcios y embarazos, y es que si todos esos rumores que la prensa ha atribuido a esta mujer fueran ciertos, tendría ya montado en casa su propio equipo de fútbol. En la carta afirma que “definimos la valía de una mujer en base a su estado civil y familiar” y defiende que “las mujeres no necesitamos estar casadas o ser madres para ser completas. Podemos decidir nuestro propio ‘fueron felices y comieron perdices’ por nosotras mismas”.


No puedo estar más de acuerdo. Tenemos un montón de ideas erróneas grabadas a fuego y de las cuales nos cuesta desprendernos porque sencillamente es lo que hemos escuchado y visto desde que nacimos. Y ésta, la de la maternidad como obligación y no como elección, es una de ellas. Es como si existiera un camino marcado que seguir y ojo con aquella que decida salirse de él, pues allí estará la sociedad capitaneada por los medios de comunicación para preguntarle cada día en tono de reproche qué narices está haciendo con su vida. 

Hace ya tiempo, una mujer que estaba sentada delante de mí en un tren iba hablando por teléfono y cuando escuché la siguiente frase mi cerebro hizo clic: “Tengo que ocuparme de mis hijos cuando llego a casa, así que no pienso perder el tiempo escuchándola hablar de sus clases de yoga y de sus tonterías”.

Esta frase está sacada de contexto, pues desconozco sobre qué y quién versaba la conversación y por supuesto, la situación de la persona que la pronunció, pero me sonó a cierto sentimiento de superioridad. Tengo la impresión de que esa frase venía a decir que, al tener hijos, su vida es mucho más importante y valiosa que la de una persona que no es madre, y que sólo ocupa su tiempo en idioteces, como practicar yoga. Éste es sólo un ejemplo de la tendencia que existe en nuestra sociedad a pensar que la vida de una persona soltera y sin hijos está vacía. Hay millones de cosas, a parte de la maternidad, con las que una mujer puede enriquecer su vida y lograr que ésta sea plena y feliz, como viajar, formarse, aprender idiomas, leer, hacer deporte o, por qué no, practicar yoga.


No me puedo creer que Apple ya esté trabajando en el iPhone 7, y que a la mujer se la siga viendo de la misma manera que hace tres siglos, como alguien cuya función principal en la vida es procrear. Avanzamos mucho en el terreno de la tecnología o en el de la medicina, pero, desgraciadamente, hay cosas que no cambian.

Todo sería mucho más sencillo si desde pequeños nos enseñaran que hay muchas maneras de vivir la vida, que tenemos la suerte de ser libres para decidir cómo será la nuestra y que es fundamental ser tolerantes con la elección que hagan los demás. Recordemos que la felicidad es algo subjetivo, lo que explica que para algunas mujeres la maternidad sea la experiencia más maravillosa de sus vidas, mientras que para otras no. Y tan lícito es lo uno como lo otro.


En España encontramos en Maribel Verdú a nuestra particular Jennifer Aniston, y es que no hay entrevista en la que la pobre mujer no tenga que enfrentarse a las preguntas sobre si piensa ampliar la familia. En una entrevista del verano pasado en El Periódico, la actriz decía que “ser mujer no es sinónimo de ser madre. Es una elección de la vida, no una obligación, y las mujeres no tenemos que dar explicaciones de por qué no queremos ser madres. ¿Por qué no se les pregunta a los hombres por qué no tienen hijos?”

Dejando a un lado el asunto de la maternidad, aunque siguiendo con la presión que se ejerce sobre la mujer, otro de los temas que Jennifer Aniston también abordaba era el del aspecto físico, con frases como:

“La cosificación y el escrutinio a los que sometemos a las mujeres es absurdo y alarmante. La forma en que los medios me muestran es simplemente un reflejo de cómo vemos y describimos a las mujeres en general, con la medida de unos retorcidos estándares de belleza.”

“El mensaje de que las niñas no son guapas a menos que estén súper delgadas, de que no merecen nuestra atención a menos que tengan el aspecto de una supermodelo o una actriz de portada de revista es algo en lo que todos estamos implicados.”

“Me molesta que me hagan sentir inferior porque mi cuerpo esté cambiando y/o me haya comido una hamburguesa y me hagan una foto desde un ángulo raro.”


Podríamos definir esto como el eterno debate. En los medios de comunicación por un lado nos venden la idea de ‘mujer real’ mientras que por otro se mofan de cualquier famosa que tenga celulitis. Decidme si la cosa no es para volverse loca. ¿Las niñas y adolescentes de hoy, que son el principal blanco de todos estos mensajes, qué clase de adultas serán mañana? ¿Por qué los medios de comunicación están empeñados en crear inseguridades y complejos en lugar de reforzar la autoestima diciendo que lo importante es aceptarnos y querernos tal y como somos?

Hace algunos meses Inma Cuesta colgaba esta imagen en su Instagram junto al siguiente texto: 

“Verte y no reconocerte, descubrir que tu imagen está en manos de personas que tienen un sentido de la belleza absolutamente irreal.

Imagino que era necesario resaltar el azul cobalto del vestido, quitar algunos pliegues del mismo y subir los niveles de luz para hacer brillar más mi piel, pero no entiendo la necesidad de retocar mi cuerpo hasta dejarme casi en la mitad de lo que soy, alisar mi piel y alargar mi cuello hasta convertirme casi en una muñeca sin expresión

No es la primera vez que pasa, pero esto sobrepasa los límites de la realidad y me avergüenza.

La foto de la derecha fue sacada con mi móvil directamente del ordenador en la sesión de fotos, yo al completo, sin trampa ni cartón, Inma entera, la de al lado es una invención, es eso que se supone que debería ser... los "cánones" de belleza que "deberíamos" seguir, no me acompleja, no lo entiendo como una señal de lo que lo debería ser, sencillamente me indigna como mujer y me hace reflexionar muy seriamente hacía dónde vamos y reivindicar con fuerza la necesidad de decidir y defender lo que somos, lo que queremos ser independientemente de modas, estereotipos o cánones de belleza.”


Poco tiempo después, Michelle Jenner, también en Instagram se decidía a alzar la voz contra la idea de esa perfección irreal que los medios de comunicación nos venden a diario:

“Mujer. Imperfecta. 

Toca hacer fotos ¡Hay que prepararse! 

Depílate. Eres imperfecta. Todos esos pelos no deberían estar allí. En la cabeza sí, nunca tendrás suficiente. 

Hoy tocan fotos. Tu compañero está listo en dos minutos. Él es un hombre, no necesita todo eso, es guapo tal y como es. ¿Tú? Puede que en hora y media estés presentable. Ya sabes, eres mujer, imperfecta. Tapa la ojera, unifica la piel, oculta ese vergonzoso grano, ¡ay esa arruga!, pinta la ceja, pon más pestañas en las pestañas, rízalas con un instrumento de tortura, más eye-liner para marcar el ojo, colorete, boca perfecta, iluminador en las zonas estratégicas, rimmel como si no hubiera un mañana.

El pelo, tan lacio y tan sin gracia. Más volumen, más bucles, más extensiones, más más. 

Ahora sí, ya te ves un poco mejor. Porque lo necesitas, porque lo quieres. Porque te sientes imperfecta.

La ropa. ¡Qué pecho tan pequeño! ¿Eso es celulitis? Algo que sea sexy, femenino, sofisticado, y por supuesto lo más incómodo posible. No importa si hace frío. Y tacón, que eres bajita y hay que estilizar. Da igual si estás a punto de caerte o te sangran los pies. Eres mujer, imperfecta. 

Ahora sonríe, natural

Ahora mira esa revista: "Nos gustan las mujeres reales", pero esa no, que tiene celulitis y es horrible. Aquella tampoco, ¡has visto qué dedos de los pies!, y esa de ahí tiene el culo un poco caído. Cómo puede ser que no le dé vergüenza salir así. Pero, eh, nos gustan las mujeres reales. Quiérete tal y como eres. Pero no tengas ojeras, ni arrugas, ni pelos donde no toca, ni grasa, ni tetas pequeñas, ni muchos años (si los tienes que no lo parezca), ni un culo muy grande ni muy pequeño, ni uñas mordidas, ni, ya puestos, demasiadas ideas. Pero quiérete. 

Y mañana trabajas y te levantarás hora y media antes por voluntad propia porque tienes que depilarte, maquillarte, peinarte, vestirte. Porque así te ves bien, y guapa, y femenina. Porque tú lo quieres. Porque si no lo haces te sientes desnuda, rara, fea, mal. Porque así te sentirás un rato como se supone que deberías ser. 

Porque no sabes ni por qué ni cómo pero lo llevas grabado hasta el tuétano.

Porque eres mujer. Imperfecta.”


También Leticia Dolera abordaba el tema en su blog ‘No soy una it girl’ con un post titulado ‘¿Vivir con o sin filtro?’, en el que concluía con este párrafo final: “Busquemos un equilibro sano, una relación positiva con nuestro cuerpo y no desconectemos de los poros de nuestra piel,  de las estrías que nos dibujan el camino recorrido, no empleemos ni un segundo más de nuestra vida en juzgar y criticar nuestro aspecto exterior (o el de los demás) basándonos en cánones externos y ocupémonos un poco más de lo que pasa por dentro que seguro es muchísimo más interesante y revelador.”

Aunque esta última idea que defiende que lo importante está en el interior y no en el exterior, puede parecer sacada de un libro de autoayuda, lo cierto es que somos mucho más que una piel tersa o un vientre plano. Por encima de todo somos personas y nuestra valía no tiene nada que ver con nuestro aspecto físico.

Hace un par de días leí una especie de artículo en MSN titulado ‘Tienen poco busto y lucen espléndidas’. Ya sé que de este titular no podía salir nada bueno, pero cuando quise darme cuenta mi dedo ya había hecho clic con el ratón y ya estaba dentro. Se mostraba a diferentes mujeres famosas que tienen un pecho pequeño y una carrera llena de éxitos. Creo que quien escribió el artículo pretendía lanzar un mensaje positivo como 'aunque tengas poco pecho, puedes triunfar en la vida', pero el simple hecho de tener que recalcar algo así me parece absolutamente machista. Estas son algunas de las perlas que encontré:

“Poseer un busto grande es considerado como una señal de sensualidad. Sin embargo, algunas celebridades rompieron con el paradigma y no sucumbieron a la tentación de operarse.”

 Aquí ya te están dejando claro que si tienes poco pecho no eres una persona sensual. Acéptalo. Y por cierto, operarse el pecho es toda una tentación a la que sólo con la suficiente fuerza de voluntad podrás sucumbir.

“Keira Knightley: la actriz, famosa por su papel en  'Piratas del Caribe', tiene buen gusto a pesar de tener un busto pequeño.” 

Ese ‘a pesar de’ me sobrecoge el alma. 

“Gal Gadot (sobre su participación en la película Batman V Superman): su complexión y el tamaño de sus pechos fueron rechazados por los fans de la película. Al final, su actuación convenció a la mayoría.” 

¡Increíble! ¡Con pecho pequeño y todo al final actuó bien!

“Taylor Swift: su pequeño busto no ha impedido que su popularidad decaiga en lo más mínimo.” 

¿Cómo es posible que una mujer con poco pecho pueda ser popular?

Para terminar, al hilo de todo esto y nombrando de nuevo a Keira Knightley, en el verano de 2014 la actriz posaba en topless para la revista 'Interview Magazine'. Si Jennifer Aniston ha tenido que defender hasta la saciedad su, de momento, no maternidad, a Keira le ha tocado hacer lo mismo con sus pechos pequeños. En más de una ocasión la actriz ha defendido que no es menos mujer por ello, llegando a reivindicarlo con este posado. 

“Es una fuerte declaración de intenciones y una victoria para las mujeres de pechos pequeños", asegura la columnista Claire Cohen en el Daily Telegraph. "Los pechos realmente pequeños no se han considerado tradicionalmente como deseables. A menudo son ignorados. Al posar en topless, Keira está refutando todo eso. Está desechando la idea de lo que deberían o no deberían ser las formas de una mujer desnuda, tomando control de su propia imagen y diciendo: Soy yo".


Bravo por Keira Knightley, Jennifer Aniston, Inma Cuesta y todas esas mujeres que se atreven a alzar la voz y están poniendo su granito de arena para conseguir que la sociedad acepte de una vez que las mujeres no somos un objeto, que existen muchas maneras diferentes de sentirnos realizadas y que cada una debe escoger la suya sin miedo a ser juzgadas.


"Eres perfecta y aun así no te das cuenta"
Luis Ramiro


domingo, 7 de febrero de 2016

ODA AL CINE ESPAÑOL

No me matéis por decir esto,  pero creo que en España tenemos tendencia a tirar por tierra todo lo patrio. Hace algunos años yo misma apenas veía cine español, y compartía esa opinión que todavía escucho de muchas bocas y que defiende que nuestro cine es de segunda clase. No sé si ha cambiado el cine, he cambiado yo o ambas cosas, pero últimamente me he dado cuenta de que la mayoría de las veces que pago una entrada, lo hago para ver una película española, y casi siempre salgo de la sala con una sensación agradable que me dice que aquí, en nuestra casa, hay talento y del bueno. Así que, cuando escucho  frases como “en España no hay buenos actores”, inevitablemente me siento como esa madre a la que le dicen  que su hijo está gordo. 

Como prueba de mi amor por el cine español, anoche me tragué enterita una de las galas de los Goya más soporífera de los últimos años. Básicamente estuvo compuesta de números musicales sin sentido, las bromas de Dani Rovira, que a mí personalmente han dejado de hacerme gracia después de sus desafortunados comentarios en 'El Hormiguero', y los discursos interrumpidos de los premiados (es posible que sólo ganes un Goya en la vida, y no le dejan a uno ni dedicárselo a su madre). Además, ayer mi intuición debía estar a otra cosa, porque no di ni una. Visualizaba perfectamente cómo Álex García e Inma Cuesta (esta mujer se está convirtiendo en Antonio de la Torre, siendo siempre nominada y nunca premiada) se iban para casa con su Goya bajo el brazo, pero no. Aunque sin duda, mi gran apuesta de la noche era Leticia Dolera como mejor directora novel, pero tampoco.

Y por fin llegué al sitio al que, después de dos largos párrafos, quería llegar: la ópera prima de Leticia Dolera como directora, ‘Requisitos para ser una persona normal’. Soy muy pesada, y si algo me gusta, no paro de recomendárselo a todo el mundo con el que me encuentro (el año pasado no me quedé tranquila hasta que mi hermano vio ‘The fall’), así que aquí estoy intentando convenceros para que veáis esta peli, porque no sabéis lo que os estáis perdiendo. 


‘Requisitos para ser una persona normal’ es una historia valiente que alza la voz para poner en tela de juicio todas esas cualidades que la sociedad nos exige cumplir para poder integrarnos dentro de la misma. La protagonista, María de las Montañas, es una treintañera licenciada en publicidad y con un máster, en paro, que tiene que volver a casa de su madre por no poder pagar el alquiler. Además, no tiene novio, ni amigos, ni aficiones y la relación con su familia está algo deteriorada. Resumiendo, María de las Montañas es un auténtico desastre. Es esa niña con la que nadie quiere jugar en el colegio, a la que nadie invita a sus fiestas en el instituto y que pisó mucho más la biblioteca que la cafetería en la universidad. Pero su vida empieza a cambiar cuando, en una entrevista de trabajo, su cerebro hace clic y se da cuenta de que ella es una pieza que no encaja en ese puzzle al que llamamos sociedad.


Pido disculpas de antemano, pero con vuestro permiso voy a sacar un momento a esa niña repelente y marisabidilla que llevo dentro.  Ahí voy. Recuerdo que en una de mis clases de Ética y deontología profesional, en el último año de universidad, la profesora hablaba de la moral, y nos contaba que hay autores que apoyan la existencia de una moral natural, la cual defiende que todos actuamos de la misma manera, y que quien se sale de esta forma de actuación determinada sería considerado antinatural (tomando como base esta teoría, no hace tanto tiempo, se pretendía ‘curar’ a los homosexuales mediante electroshocks). En aquellas clases en las que debatíamos sobre todo esto, concluíamos este asunto haciéndonos la siguiente pregunta: ¿Quién tiene potestad para determinar lo que es natural y lo que no? ¿Quién en este mundo tiene la verdad absoluta para decir que algo es normal y que algo no lo es?

Viendo esta película me acordé de todo esto porque al final llego a la misma conclusión: ¿quién puede afirmar que María de las Montañas no es una persona normal? Aunque supongo que el estatus de ‘persona no normal’ directamente se lo pone uno mismo al sentirse fuera de lugar la mayor parte del tiempo. Exacto, más que una etiqueta, creo que es un sentimiento que uno lleva a cuestas desde que nace.

Como veis, no se trata de una película hueca y vacía. Nos permite pensar, reflexionar, mirar dentro de nosotros, hacernos preguntas y conocernos mejor. Y todo esto le da valor y la sitúa dentro del cine más necesario. 


Seguro que todos en algún momento de nuestras vidas hemos sentido que no encajábamos en el contexto en el que nos encontrábamos, así que es inevitable que viendo esta película nos venga a la cabeza aquella cena a la que asistimos una vez, con personas que poco o nada tenían que ver con nosotros y en la que se hablaba de temas que ni nos iban ni nos venían. Y allí estábamos, preguntándonos ¿qué hago yo aquí? y anhelando estar en nuestro sofá, con nuestro pijama, tomándonos un Cola Cao mientras vemos ‘Mad Men’, aplicando el dicho ‘mejor solo que mal acompañado’.   

Creo que precisamente por esto ‘Requisitos para ser una persona normal’, ha tenido tan buenas críticas y recibido tantos reconocimientos. Porque, aunque quizás está llevada al extremo, es muy fácil sentirse identificado con la historia que cuenta. Al final Leticia Dolera lo que ha hecho ha sido plasmar con mucho talento en una película, aquello que todos pensamos y vivimos, convirtiéndose así en la voz de una generación, como ya hiciera Lena Dunham hace unos años con ‘Girls’. 

No sólo estamos viviendo una crisis económica, también existe una crisis social (además de la política, pero ese es otro tema), que finalmente nos ha llevado a una auténtica crisis personal. Invertimos esfuerzo y dinero en estudiar una carrera, para terminar trabajando en un Mc Donalds, lo cual, además de no permitirnos vivir de manera independiente, provoca que no nos sintamos realizados. Socialmente, nos han educado grabándonos a fuego ideas erróneas, como que todos tenemos que confeccionar nuestra vida siguiendo un mismo patrón: casarnos, comprarnos un piso y formar una familia. Conseguir todo esto en un país como España en la actualidad es poco menos que misión imposible, y al final con todo este caldo de cultivo acabamos pensando que no somos personas normales porque no encajamos en esta sociedad. 

Leticia Dolera ha cogido todos estos ingredientes y ha sabido unir muy bien un montón de piezas para conseguir como resultado una película brillante. Con todas esas piezas me refiero a un reparto acertadísimo (aquí he descubierto a Manuel Burque, y me temo que este va a ser un amor para toda la vida), un vestuario a cargo de Dolores Promesas muy cuidado y que trasmite a la perfección  la esencia del personaje, un guión cargado de humor inteligente y una banda sonora indie que no podrás parar de escuchar (Luthea Salom, otro gran descubrimiento).


Al final, esta historia que narra la lucha constante de María de las Montañas por convertirse en alguien normal, es una historia divertida y muy optimista que pretende decirnos que lo importante no es encajar en la masa, sino ser nosotros mismos y aceptarnos tal y como somos, y esta, estoy segura, es la mejor receta de la felicidad.

Viva la cultura, viva nuestro cine, vivan nuestros actores y toda la gente que trabaja duro para contar historias que nos hacen soñar delante de una pantalla. 
 
"Blanca abrazaba furiosamente a su hija, la cubría de besos y le decía que había que agradecer a Dios que ella fuera normal. Por eso, Alba creció con la idea de que la normalidad era un don divino."
 
La casa de los espíritus - Isabel Allende